jueves, 24 de septiembre de 2009

Juventud



Celebramos nuevamente este año el día de la juventud: una de esas celebraciones irónicas que, tal como lo es el día del trabajo o las celebraciones ecológicas, presenta en cada efeméride una serie de preguntas y acciones imprecisas en lugar de logros específicos.
El panorama de la juventud presente pareciera, para quienes tienen a su cargo la conducción de los destinos políticos y burocráticos, ser el mismo de hace cien, doscientos o quinientos años. Más aún, el plan de acción podría bien resumirse entre ellos en una sola palabra: la inacción, cuando no el mero discurso, la promesa vacía y las esperanzas deshechas.
Para la juventud idealista (pero también para la sedienta del pan cotidiano del trabajo) la respuesta, de parte de aquellos, es una sola: la eterna postergación.
Y no es que la juventud de hoy sea mejor o peor, como dicen los huachafos, que la de ayer. Ocurre simplemente que cada generación corresponde a las expectativas, necesidades y precisiones de su época. Hoy, como ayer, Pandillas juveniles han proliferan en el orbe; solo que las de ahora obedecen mas bien en a la desatención de los gobiernos que no han hallado formas para contrarrestar los graves problemas sociales que padecen.
A esto debemos agregar los efectos evidentes de una crisis que, aunque pretende ser maquillada no puede ser soslayada de la realidad cotidiana. Así lo demuestran E un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la misma que afirma que en América Latina y El Caribe, 64 000 000 de jóvenes no trabajan ni estudian, o que estos laboran en condiciones muy precarias. La OIT, dependiente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) destaca en el estudio denominado Juventud y Trabajo Decente en América Latina y el Caribe, que 46% de los desempleados en la región son jóvenes. Diez millones se encuentran en el desempleo abierto, 22 000 000 más no estudian ni trabajan y 32 000 000 laboran en condiciones precarias, es decir, con bajos salarios y carentes de protección social.
En nuestro país las estadísticas no son muy distantes que las que se muestran en nuestros hermanos países latinoamericanos. Los adolescentes y jóvenes (10 a 24 años de edad) constituyen, en principio, alrededor del 30% de la población nacional en el Perú, de ello se desprende los siguientes datos.
La pobreza en adolescentes de 10 a 14 alcanza el 62%, superior a la del país (52%).
En las zonas más pobres del Perú (trapecio y centro andino y selva), la población adolescente y joven se ha incrementado en mayor proporción que en el resto del país;
En algunos departamentos de la selva (Amazonas, Ucayali) el porcentaje de mujeres jóvenes sin DNI supera el 20%; y entre los menores de 18 los niños y adolescentes carecen de partida de nacimiento en un orden cercano al 10%;
El embarazo adolescente, si bien ha descendido a nivel nacional, se ha incrementado en la zona de selva: del 26% al 29%. Es decir, casi 1 de cada 3 mujeres de la selva ya son madres o están embarazadas antes de alcanzar los 20 años;
El embarazo adolescente tiene efectos en la transmisión intergeneracional de la pobreza;
Solo el 15% de la población juvenil cuenta con algún tipo de seguro;
Uno de cada cinco jóvenes en el país no trabaja ni estudia.
Realidad que restriega en la cara el veredicto de la realidad sobre el optimismo idiota del que hacen gala algunos y nos deja la tarea pendiente de construir una verdadera perspectiva luminosa a la juventud de aquí y de ahora: una construcción que ha de apelar, como es natural, a las virtudes de este esplendoroso periodo de la existencia, como el coraje, la fogosidad y la sana ambición; pero a partir de estas fortalezas, cultivar la mente y el espíritu de esta juventud, precisamente de modo opuesto al estilo y estigma de la formación estrictamente neoliberal que genera espectros aletargados, mentes infértiles, esperanzas limitadas a la agenda del fin de semana y vacuidad de propósitos. Una formación que permita engendrar una generación juvenil crítica, y analítica para con la realidad no sólo peruana, sino internacional. El estilo educativo del imperialismo que nos ha relegado a un dudoso puesto de honor junto a Haití tan solo produce jóvenes aletargados, instrumentos fáciles de manipulación y defecto ajeno.
¿Dónde están las esperanzas juveniles, por ejemplo, de nuestro partido? ¿Dónde yacen las mentes productivas que deberían renovar el impulso con el ritmo de la historia? ¿Qué notable idea revolucionaria ha salido de ese jardín de la existencia que es la juventud? ¿O es que ya pasó la fumigadora por todos?
Invito a mis compañeros de generación a gestar pues este anhelo, y a los mayores, hacer posible este compromiso con la historia, por el instinto de supervivencia y por la dignidad que significa implicarse en esta herencia transgeneracional de anhelos solidarios y patrióticos.

Paúl Palomino Arenas.