
A puertas de un nuevo proceso electoral, la población se encuentra otra vez en el dilema de elegir un candidato que responda a las necesidades urgentes de nuestra región, provincias y distritos.
Es preciso comprender, sin embargo, que nuestro espacio geográfico regional y local es uno de los que, a nivel nacional, camina más decididamente dentro de las exigencias del nuevo siglo. A los innegables progresos de carácter tecnológico y, en cierta medida, económico para un limitado sector de la población, se precisa de autoridades que también sean capaces de proponer y ejecutar obras que correspondan a este empuje que es, ante todo, superficial: ¿Se han elaborado propuestas inteligentes que nos permitan afrontar la creciente crisis de agua potable que se nos avecina en la misma proporción que la ciudad crece y con ella sus demandas básicas de vida? ¿Hasta ahora el problema de la basura no sigue siendo un punto eternamente postergado en las agendas en gran parte por la desidia de quienes fueron elegidos para ello? ¿Se ha considerado los inevitables conflictos sociales y ecológicos de la muy pasajera “bonanza minera” en nuestra región, teniendo en cuenta que la crisis económica mundial ha ingresado a un proceso de putrefacción incontenible, con el subsiguiente decaimiento de los precios de minerales, grave limitación de derechos laborales e impunidad para crímenes ecológicos (como ha quedado demostrado en el reciente derrame de petróleo en el Golfo de México en la supuestamente muy blindada política estadounidense)?
Mas aún ¿Nuestra región no sigue teniendo, a pesar de esa superficial bonanza que los estúpidos alaban, uno de los índices más escandalosos de mortandad infantil y de mujeres después del parto? ¿El acceso a la salud no sigue siendo un tema inexistente en ciertas comunidades? ¿No es cierto que teniendo una infraestructura de vanguardia tenemos también una educación y programa cultural de nivel casi haitiano? Y no hablemos de los estímulos a la investigación científica que es la verdadera forma de asegurar el desarrollo de nuestra región y país si es que no queremos ser-como siempre hemos sido- unos proveedores de materia prima, pero absolutamente parasitarios de los vaivenes de las leyes macroeconómicas.
Ahora bien ¿existe hoy por hoy algún candidato que nos garantice que hay algo más en los planes de gobierno que frases trilladas y millones invertidos en publicidad , sabe Dios a costa de qué tipo de canjes?
Me temo que no.
En principio no, porque incluso los partidos políticos que se ufanan de muy democráticos e impolutos han optado por el aberrante sistema de elegir a sus candidatos sin el correspondiente consenso de las bases, poniendo de este modo muy en claro cuáles son sus prioridades y sistema de gobierno que aplicarán una vez en el poder: esto es, la repetición de los faenones, las promesas incumplidas y las yucas de toda la vida. Incluso el movimiento político regional que pretendía ser la fórmula de consenso de las izquierdas ha involucionado de los sermones dialécticos al caudillismo castrista sin medias tintas, mas allá el fujimorismo se ha partido en dos por el mismo asunto y, en fin, la cosa no es mucho mejor en el resto de alternativas. No hay que ser muy erudito para notarlo.
Pero más grave incluso que ese irrogarse de poderes alucinantes en algunos de nuestros candidatos o simples figurettis de paso, es el retorno triunfal de la chabacanería farandulera de los años más turbios de la dictadura a nuestra política. ¿Los partidos eligen figuras pensantes, con propuestas coherentes, con trayectoria en trabajo de base o líderes políticos reconocidos de los distintos ámbitos sociales?
Pues no. Optan por la elección de jugadores de fútbol, cantantes folclóricas, corredores (y no de bolsa), saltimbanquis, cuatreros o cómicos ambulantes. Lo cual, por cierto, no estaría mal si estas personas nos demostraran que poseen los suficientes argumentos para ostentar un cargo público más allá de su mera “popularidad”, germen de todas las demagogias y de todas las tragedias de nuestra historia reciente.
Con semejante consagración de la estupidez humana al nivel de dogma político solo nos aseguramos un naufragio más soberbio que el del Titanic como región y como pueblo; eligiendo tales impostaciones nos aseguramos los cacicazgos putrefactos que siempre lindan con lo punible.
En un aniversario más de nuestra ciudad, llamada “la inconstrastable”, hacemos pues un llamado a la población a demostrar una vez más que no es la masa inepta que ciertos individuos que se hacen llamar “políticos” suponen.
Levantemos nuestras voces y exijamos coherencia, planteamientos sólidos e ideas en esta contienda electoral.
Juan Paúl Palomino Arenas.
4 de junio del 2010
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