En el día de la Fraternidad
Queridos compañeros:
Fue el gran Manuel Seoane quien oficializó el Día de la Fraternidad en 1946 con un discurso que llevaba por nombre "Un Recado del Corazón del Pueblo”.Esa noche, Seoane le dijo a Haya con voz vibrante: "Tu cumpleaños debe unirnos para siempre, en las buenas y en las malas". El líder, en silencio, agradeció con una reverencia, mientras abajo, el público se convertía en un mar de pañuelos blancos.
Hoy, tanto tiempo después de aquellos emotivos e históricos momentos –recordemos que era el primer discurso luego de casi quince años de clandestinidad-, nos toca a nosotros, herederos leales de la doctrina que prometió ser millones, perpetuar aquel anhelo de unidad y de fraternidad frente a toda circunstancia y renovar allí nuestra firmeza ante las nuevas adversidades.
Pues pudiéramos bien preguntarnos dónde ha quedado aquel sueño de unidad cuando existe un sectarismo que amenaza anidar y sembrar la discordia allí donde solo debió brotar la flor exótica de la concordia y el perfume de una constructiva discrepancia. ¿Dónde puede estar la fraternidad cuando concurren camarillas y cúpulas sin otra apología que el de la de la segmentación? Este día será pues también ocasión propicia para un examen de conciencia y tiempo íntimo de renovación. Reforma del alma y del contingente derrotero que ha tomado nuestro partido resueltamente.
Y es que el partido aprista no es un ismo personal que satisface el enfisema al ego de unos cuantos que no se adjudican para si los ideales que hicieron grande nuestra historia; el partido no es tampoco una fábrica de mentiras y promesas incumplidas que endulzan los oídos a unos pocos, pero amargan el de los muchos.
Tal y como dijo el c. Ramiro Prialé el ser aprista es tener el corazón encendido por la fe…es tener doctrina y emoción”. Y ¿dónde está la doctrina? ¿En qué paraje del mar de los sargazos se habrá disipado? ¿Nuestra emoción estará en el bosque de las chinitas que se perdieron? ¿Por cuánto arrendamos nuestros ideales por si alguna vez los tuvimos? ¿o se lo comieron las eminentes ratas en sus los faenones?
Es allí donde ha de comenzar el análisis introspectivo que nos impone este día solemne. Para luego invitarnos a protagonizar la historia. Demostremos que nuestros ideales y doctrina auroral no han dejado de existir tal como pregonan los heraldos negros que nos manda la infamia. Yacen, seguramente, esperando ser insufladas por la sangre de una juventud rebelde, vanguardista y con fe en nuestros preceptos.
El mundo de hoy se parece poco al de 1946. Asistimos a una crisis económica mundial que no es sino el descalabro de las mentiras de Friedman y la ominosa escuela de Chicago, y desde cuya sombra no podría existir desarrollo posible, ni justicia social, ni crecimiento creíble -a no ser a costa de olvidados de siempre-. El cambio climático y sus impactos potenciales y reales se han hecho cada vez más evidentes, trepando a la cima de las agendas políticas, imponiéndonos la necesaria transformación de los modelos de producción y consumo, y cambios de orientación en relación al mundo natural y el poder de los Estados y el capital.
La política en tiempos de profundas crisis socio-ecológicas tiene que ser diseñada de otra manera, como un proceso transformador informado, que tome en consideración las muchas ambigüedades, pero con la mira puesta en un mundo más justo, basado en la solidaridad, más allá del dogma de la competencia y el lucro. Queremos reorientar los debates y las políticas hacia transformaciones socio-ecológicas y emancipatorias fundamentales, al unísono con el reconocimiento de las prácticas alternativas.
Creemos en ello y lo queremos. Queremos también como ayer ser millones. Más todo esto no se ha de conseguir sin una auténtica reforma del alma que debe comenzar, sin lugar a dudas por aquellos mismos que la proponen.
Desde hoy y para siempre.
¡Viva el decía de la Fraternidad Aprista!
c. Juan Paúl Palomino Arenas
Queridos compañeros:
Fue el gran Manuel Seoane quien oficializó el Día de la Fraternidad en 1946 con un discurso que llevaba por nombre "Un Recado del Corazón del Pueblo”.Esa noche, Seoane le dijo a Haya con voz vibrante: "Tu cumpleaños debe unirnos para siempre, en las buenas y en las malas". El líder, en silencio, agradeció con una reverencia, mientras abajo, el público se convertía en un mar de pañuelos blancos.
Hoy, tanto tiempo después de aquellos emotivos e históricos momentos –recordemos que era el primer discurso luego de casi quince años de clandestinidad-, nos toca a nosotros, herederos leales de la doctrina que prometió ser millones, perpetuar aquel anhelo de unidad y de fraternidad frente a toda circunstancia y renovar allí nuestra firmeza ante las nuevas adversidades.
Pues pudiéramos bien preguntarnos dónde ha quedado aquel sueño de unidad cuando existe un sectarismo que amenaza anidar y sembrar la discordia allí donde solo debió brotar la flor exótica de la concordia y el perfume de una constructiva discrepancia. ¿Dónde puede estar la fraternidad cuando concurren camarillas y cúpulas sin otra apología que el de la de la segmentación? Este día será pues también ocasión propicia para un examen de conciencia y tiempo íntimo de renovación. Reforma del alma y del contingente derrotero que ha tomado nuestro partido resueltamente.
Y es que el partido aprista no es un ismo personal que satisface el enfisema al ego de unos cuantos que no se adjudican para si los ideales que hicieron grande nuestra historia; el partido no es tampoco una fábrica de mentiras y promesas incumplidas que endulzan los oídos a unos pocos, pero amargan el de los muchos.
Tal y como dijo el c. Ramiro Prialé el ser aprista es tener el corazón encendido por la fe…es tener doctrina y emoción”. Y ¿dónde está la doctrina? ¿En qué paraje del mar de los sargazos se habrá disipado? ¿Nuestra emoción estará en el bosque de las chinitas que se perdieron? ¿Por cuánto arrendamos nuestros ideales por si alguna vez los tuvimos? ¿o se lo comieron las eminentes ratas en sus los faenones?
Es allí donde ha de comenzar el análisis introspectivo que nos impone este día solemne. Para luego invitarnos a protagonizar la historia. Demostremos que nuestros ideales y doctrina auroral no han dejado de existir tal como pregonan los heraldos negros que nos manda la infamia. Yacen, seguramente, esperando ser insufladas por la sangre de una juventud rebelde, vanguardista y con fe en nuestros preceptos.
El mundo de hoy se parece poco al de 1946. Asistimos a una crisis económica mundial que no es sino el descalabro de las mentiras de Friedman y la ominosa escuela de Chicago, y desde cuya sombra no podría existir desarrollo posible, ni justicia social, ni crecimiento creíble -a no ser a costa de olvidados de siempre-. El cambio climático y sus impactos potenciales y reales se han hecho cada vez más evidentes, trepando a la cima de las agendas políticas, imponiéndonos la necesaria transformación de los modelos de producción y consumo, y cambios de orientación en relación al mundo natural y el poder de los Estados y el capital.
La política en tiempos de profundas crisis socio-ecológicas tiene que ser diseñada de otra manera, como un proceso transformador informado, que tome en consideración las muchas ambigüedades, pero con la mira puesta en un mundo más justo, basado en la solidaridad, más allá del dogma de la competencia y el lucro. Queremos reorientar los debates y las políticas hacia transformaciones socio-ecológicas y emancipatorias fundamentales, al unísono con el reconocimiento de las prácticas alternativas.
Creemos en ello y lo queremos. Queremos también como ayer ser millones. Más todo esto no se ha de conseguir sin una auténtica reforma del alma que debe comenzar, sin lugar a dudas por aquellos mismos que la proponen.
Desde hoy y para siempre.
¡Viva el decía de la Fraternidad Aprista!
c. Juan Paúl Palomino Arenas
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